martes, 29 de junio de 2010

Déjà vu


Hubo un tiempo en el que tenía claro que no había nada comparable a la espontaneidad de la sorpresa, a la frescura y la ilusión de la primera vez. Decididamente, ese estímulo creativo era insustituible. La cantidad de sensaciones y sugerencias que se agolpan en la cabeza ante la contemplación de un lugar que nunca antes se ha visto, quedar envuelto por ese espacio... no había lugar a dudas; mis recuerdos contaban con una buena colección, y se situaban con bastante ventaja entre los más productivos. Siempre reconforta revivir esa sensación contemplando la mirada de alguien que ve lo que nos resulta sobradamente conocido sin referencias, sin prejuicios. Mi buena amiga Elisa dice que todo aquel nacido en Hispanoamérica tratará, si está en su mano, de viajar en algún momento a Europa. La razón es tan sencilla como el querer constatar que los lugares de los cuentos, los paisajes de los cuadros que han formado las imágenes a las que la mente acude una y otra vez, en realidad existen. No creo que pueda imaginar el choque que supone el toparse con una realidad tan abrumadora. ¡Claro! -dice ella, y la imagen me conmueve- sólo aquí en Europa los patos tienen la cabecita verde y un collarín, porque son los patos de los cuentos. Y de pronto uno ya no sabe si vive en lugares que inspiraron cuadros y cuentos o si vive en cuadros y cuentos que viven a su vez en la mente del otro... poco importa si eso supone leer los poemas, detenerse a mirar las flores o cosas que resultaría ridículo hacer en el lugar donde has pasado tantas horas de iluminación y de desidia. Sin embargo, algo cambió esta vez. Al contemplar la Laguna Negra, la niebla sobre las balconadas de madera, aquellas libélulas planeando sobre el color imposible de la Fuentona, entendí que "de cuento" era algo más que un recurso literario facilón. Me vi en un tiempo inmersa en aquellos escenarios como algo natural. Entendí que escribiera lo que escribía, y por qué no podía escribir lo mismo ahora. Traté de hacerme consciente de todo lo que había ido surgiendo en medio para contemplarlos -para contemplarme- con semejante distancia. Sí, allí estaban, causándome una impresión que no podía diferir mucho al de contemplarlos por primera vez, haciendo ver como inverosímil el que alguna vez los hubiera tenido cerca. Allí estaba esa impresión de contemplar lo familiar con una tabula rasa en los ojos, ese agolpamiento de sensaciones, tan ansiado, que obnubila los sentidos... y por primera vez también me di cuenta de lo ajeno que me resultaba todo, precisamente por ese deslumbramiento. Y me cuestioné, no sin pasmo, que tal vez fuera discutible la primacía de lo inusitado, a cambio de que todos aquellos espacios volvieran a resultarme algo más habituales, con el polvillo de lo prosaico si es necesario, pero que fuesen, como en su día lo fueron, un poco más míos.

sábado, 19 de junio de 2010

Camisetas pintadas 2





A falta de creaciones dignas y mínimamente más alegres que los últimos lloriqueos, sigo subiendo la colección xD

jueves, 3 de junio de 2010

Pothos


Te deseo en la mañana.
Luces que revolotean como polillas en las hojas
a través del balcón;
y el sillón que no me dice nada
porque ya no es el mismo
que el sky satinado al que intento sentir todavía.
Lenta y sutil, como los pasos de araña,
la penumbra se ahoga en el sopor.
No sé si es la penumbra de ahora o una lejana
la que acaricia mis ojos entreabiertos.
No quiero saberlo.
Sentir, sólo sentir sin recordar
cuando no vivo más que de recuerdos.
En la otra habitación esperan
cuencas de mármol vacías, el Mediterráneo
-luz entre columnas primigenias.
Pero yo estoy atrás, muy atrás
estancada
abriendo los ojos en las aguas
de lo que No Puede Ser Más.
Lejos, muy lejos y nunca;
quiero volver o al menos quiero
quedarme aquí.