sábado, 19 de junio de 2010

Camisetas pintadas 2





A falta de creaciones dignas y mínimamente más alegres que los últimos lloriqueos, sigo subiendo la colección xD

jueves, 3 de junio de 2010

Pothos


Te deseo en la mañana.
Luces que revolotean como polillas en las hojas
a través del balcón;
y el sillón que no me dice nada
porque ya no es el mismo
que el sky satinado al que intento sentir todavía.
Lenta y sutil, como los pasos de araña,
la penumbra se ahoga en el sopor.
No sé si es la penumbra de ahora o una lejana
la que acaricia mis ojos entreabiertos.
No quiero saberlo.
Sentir, sólo sentir sin recordar
cuando no vivo más que de recuerdos.
En la otra habitación esperan
cuencas de mármol vacías, el Mediterráneo
-luz entre columnas primigenias.
Pero yo estoy atrás, muy atrás
estancada
abriendo los ojos en las aguas
de lo que No Puede Ser Más.
Lejos, muy lejos y nunca;
quiero volver o al menos quiero
quedarme aquí.

martes, 25 de mayo de 2010

Stain


Hay una mancha de miedo que se extiende
con cada respiración en el aire.
Paraliza cada fibra de los músculos,
atornilla las neuronas del cerebro.
Lastre en tensión que tira desde dentro
los resortes del dolor de la mirada.
Por todas partes esfuerzo,
ojos que cargan y ocultan.
Me miras, pero tienes la espalda deshecha;
te miro, pero gana el cansancio en mis ojos
mientras alzo la cabeza, tratando de mostrar
el valor que no tengo.
Te paras, no quieres cargar ya con más;
en el camino a tu sueño
no volverán a engañar a tu espalda.
El fin se te desdibuja en el cansancio;
tus hombros piden clemencia
(la cabellera rendida sobre ellos)
y tu mirada de niño se enturbia
con una tristeza infinita.
Pasas de largo y mi llamada se
deja morir en la cuneta.
Alzas la vista; y tal vez, pese a todo...
renace la loca idea marchita
de que allí delante esté al final la mano
que acabe de rematarte con su peso
o que haga concluir toda zozobra.
Tu corazón se agita, eres muy joven.
Puede, quizás, quién sabe...
comienzas a avanzar de nuevo.

domingo, 25 de abril de 2010

In memoriam mei


Existe una muerte distinta, de la que uno
ni se entera.
Para cuando se quiere dar cuenta, se le han secado ya
las raíces de los ojos.
Los demás, me matan los demás, te crees tu propia mentira.
El dolor... lo peor no es el dolor, lo peor es
la indiferencia.
Los demás, siempre los demás, como si no supiéramos que, al final,
estamos solos.
En realidad, uno sólo se da cuenta de que está muerto
cuando recuerda lo que era
estar vivo, (instantes fugaces
en los que vuelve un orden cuerdo de
prioridades).
Cómo no voy a estar muerto, si cuando me desprendo
de todos los pensamientos, el acaecer
peregrino
de las circunstancias, la envoltura de cosas vanas
en la que uno se envuelve como papel cebolla
para sobrellevar la vida,
ya no queda nada;
si no soy nada sin airear
mis zozobras, y el mundo de los vivos se ocupa poco
del de los muertos.
Y los muertos andan por ahí errantes.
Comen, respiran, saludan con educación.
Los vivos no son conscientes de que lo están aunque los vean,
los vivos están siempre muy ocupados.
Son sanos, tienen varias cosas en la cabeza en lugar
de pensar obsesivamente
en un tema.
Te miran extrañados.
¿Que cómo murió usted, señor muerto?
Hágase una autopsia.
¿En qué momento morí? ¿en qué momento los vivos fueron
los demás?
¿En qué momento me golpeé y no sentí
nada,
salvo que tú
me dolías?
No lamento la razón, sólo temo la nada tras el bisturí.
Nada,
ni siquiera visiones angustiosas.
Ni siquiera el abismo de antes
(el abismo de antes sería algo).
Cuántas, cuántas veces habré muerto ya;
tantas nadas arrastradas por el suelo polvoriento.
tantas horas de contemplar en la distancia
a los vivos
me hacen pensar si alguna vez he dejado de estar
muerta
y si lo único que hago cada vez es morirme más,
cada vez un poco más.


lunes, 5 de abril de 2010

Camisetas pintadas




Voy a empezar a subir los dibujos de las camisetas que me he pintado hasta ahora, para que tantas horas de pringue con el pincel no acaben cuando lo decida la lavadora XD

viernes, 12 de marzo de 2010

Rendija


Tus cabellos se derraman
ocupando
todo el mundo de mis ojos.
Tu brazo se estira lento,
tantea
hasta encontrarme en lo oscuro.

Yo respondo, aunque sé bien
que no puede durar más
de lo que tarde la luz en colarse
delatora
por la unión de la persiana.

¿Y después?

Asomarme cada día en el espejo,
contemplar cómo se borran
las marcas que me dejaste
por fuera.
Del rojo al gris, del gris al malva.
El regusto de profundo desengaño
que se esconde en la mirada de aquel que todo lo acata
porque nada más espera.

Triste mansedumbre para con uno mismo
del mañana que es ahora,
del ahora que me ahoga
con aquel hilo de luz
a través de la rendija,
que me aprieta bajo el cuello
a una brizna de llevarte
de nuevo.

Consciente de que una cosa
es la opinión del momento,
otra el luego en que el ahora se transforme
y otra el absurdo esfuerzo
que haré para distinguirlas,
amanece.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Sicut nubes quasi naves velut umbra.


Era tarde, caía el sol, y caminábamos Roma embelesadas. Roma ya es una ciudad dorada de por sí; los sillares de los palacios son dorados, el mármol de las estatuas es dorado. Pero la puesta de sol doraba incluso lo que en otros momentos permanecía en las sombras. El sol mortecino nos dirigía hacia el Tíber con sus filamentos rosados deshilachados hacia el horizonte, y nosotras nos refugiamos en un universo de mapas antiguos, postales y máscaras venecianas. Volví a ser ese dominó negro que me contempla desde la carpeta, estrujando la rosa hasta mezclar su sangre con las espinas. Volví a ser la sonrisa grotesca, el trompe d'oeil, el lujo de lo absurdo. Volví al mundo abigarrado, turbio y decadente que tan abandonado creía. Sant'Angelo se alzaba adusto en la otra orilla como si él fuera la meta del sol agonizante. Cómo no iba a serlo, si todos los ángeles del puente miran hacia él. Las últimas luces se deshacían sobre sus propios reflejos, y los rostros eran una mueca sobrenaturalmente bella al vacío; criaturas con las alas quebradas expulsadas de su esfera, con los pliegues curvos aventados por la pasión, por la ira. Gritan a la armonía ilusoria de las columnas, a la falacia de los órdenes que quieren crear un mundo de analogía tan matemáticamente regular como falsa. Gritan a la huella de una pátina que ha continuado dominando el mundo mucho después de su muerte; que incrusta en el cerebro sus frisos, sus molduras, sus arcos de triunfo antes de que pueda intervenir el criterio. Pero poco importa eso ahora; la fascinación lo inunda todo con su alboroto silencioso, nos acompaña entre las ramas desnudas y el frío del relente junto al río y promete durar cubriendo nuestros ojos con la ilusión de que el mundo (o Roma, que ya es bastante) es bello y de que somos invencibles, al menos, algo más, un poco más.