miércoles, 11 de agosto de 2010

Lo de después


Música, más música.

Música que tape en su estridencia

el clamor de las últimas heridas,

el clamor de la última derrota.


Un pie en el vacío que se extiende hasta los últimos confines

tras el polvo y la batalla.

Otro asido por las garras de cadáveres de sueños

engañados por recuerdos,

que creyeron ser reales,

imbatibles.


Clama la fosa abierta y su estertor es dulce,

hipnotiza al aire

me hipnotiza por dentro.

Me hace hincar la lanza en tierra, jurar

con alarido firme que será

el último poema que te escriba

(cuando ni siquiera yo

me lo creo).


Y me río

de mi armadura tomada de orín,

con las piezas cada una diferente,

abolladas una

y mil veces.


Ruido, sólo me queda el ruido que rellene

con su explosión de zarzas lo que es nada,

con sus luces fatuas lo que es nada,

con su espinosa carcajada eterna lo que es nada.

jueves, 8 de julio de 2010

Lo que nunca me dijiste (aborto de relato)


Accediste casi de inmediato, no fue difícil convencerte. Una vez que superaste la timidez inicial y me sonreíste sin que el recelo huyera por completo de tu mirada, me acompañaste desde el garito directamente a mi cama. Y allí sí que no pusiste demasiados remilgos. No parecías tener demasiada experiencia, pero lo compensabas con tu voluntariedad. A saber cuánto hacía que no habías podido tener tema... Nunca te quejabas, y apenas conseguía sacarte alguna palabra. Dabas un sí o un no por respuesta a mis parrafadas, y cuando te expliqué que aquello no podía ir a más, todos mis proyectos, te limitaste a asentir y bajar la vista. En verdad eras una tía rara... te guardabas todo para ti; me mirabas queriendo decir mil cosas y no decías ninguna; no tenías rabia dentro, no sabías enfadarte... a veces me exasperabas. Me daban ganas de golpearte o de decirte algo hiriente de verdad, para que de una vez reaccionases. Pasabas olímpicamente de discutir cuando estábamos en desacuerdo, y te limitabas a mirarme con una expresión de no tiene ni puñetera gracia ante mis pullas. Hablando te mantenías siempre a la defensiva, y físicamente volvías en ocasiones a la tensión y la timidez, como si mi presencia te impusiera. A veces llegué a pensar que te inspiraba una suerte de temor extraño. Siempre te colocabas al lado -nunca te quejaste de que pusiera peli, fútbol, música o tele -quieta, distante, a la espera de un mínimo atisbo de caricia por mi parte para dar las tuyas sin reservas, para mendigar un poco más. Tu mano sobre mi espalda acababa muriendo por el hastío. Lo mismo en la cama. Te movías inquieta a veces, como esperando algo. Pero yo ya estaba lejos de eso, muy por encima de eso. No sabes lo que yo fui, nena, hace tiempo que agoté toda ansia en cualquier sentido posible. Pero tú eres aún muy joven para entenderlo... si te parece bien lo que hay lo tomas y si no lo dejas, pero sigo siendo total y absolutamente libre. Creo que me lo he ganado después de tragar tanta mierda.

lunes, 5 de julio de 2010

...et in pulvere.


Me inquieta limpiar el polvo la última vez. Es como si con él se confirmara oficialmente el desvanecimiento de tantas cosas. Dejo que los recuerdos se me amontonen, son un veneno dulce que acentúa aún más mi sopor en esta tarde densa y pegajosa, en la que me siento atrapada como una mosca moviendo torpemente las patitas dentro de una gota de resina. Acuden las imágenes, no las sensaciones. Es difícil, las más desgastadas pertenecen a un invierno muy remoto del que el calor parece estarse burlando cuando trato de que vuelva a mí. Recuerdo las horas turbias de penumbra, tan añoradas, en cuyo silencio sólo se oía cerrarse la puerta de la entrada. Fueron horas agridulces, como la práctica totalidad del curso. Había amargura en ellas, melancolía por supuesto; pero también había algo más, la sensación de estar viviendo, el intento por apurar hasta el fondo los besos traicioneros de la realidad. Y eso, la sed de aventuras de desacompasada adolescencia, se imponía sobre todo lo demás. La turbiedad quedaba muy bien oculta de cara a la galería con el barniz de lo que realmente me gusta. Puesto a tener que ocultar todo lo demás, darle una adecuada envoltura hacia el exterior y hacia mi propia mente para no volverme loca, es ésta la mejor elección. He sido realmente feliz entre apuntes como hacía tiempo que no lo era. Me he reconciliado en parte con la soledad aunque los fantasmas, al fin y al cabo, sigan siendo los mismos. En realidad no hay verdaderos deseos de desprenderse de ellos, a la vista del páramo desierto y desolador que es el verano inmediato. Sé que debería deshacerme de ellos, que no es sano, pero en realidad no sé cuál de las dos cosas me está matando más. Echo una nueva -eterna- mirada al cuarto de estar, buscando como siempre un resorte que no encuentro. Una vez más, se me olvida que el espacio se escurre con el tiempo. El polvo queda suspendido y con él se desintegran en el aire tantos ruidos, tantos cosquilleos de euforia... la gente que tan importante ha sido se desvanece en el pesar por lo perdido como sombras.

martes, 29 de junio de 2010

Déjà vu


Hubo un tiempo en el que tenía claro que no había nada comparable a la espontaneidad de la sorpresa, a la frescura y la ilusión de la primera vez. Decididamente, ese estímulo creativo era insustituible. La cantidad de sensaciones y sugerencias que se agolpan en la cabeza ante la contemplación de un lugar que nunca antes se ha visto, quedar envuelto por ese espacio... no había lugar a dudas; mis recuerdos contaban con una buena colección, y se situaban con bastante ventaja entre los más productivos. Siempre reconforta revivir esa sensación contemplando la mirada de alguien que ve lo que nos resulta sobradamente conocido sin referencias, sin prejuicios. Mi buena amiga Elisa dice que todo aquel nacido en Hispanoamérica tratará, si está en su mano, de viajar en algún momento a Europa. La razón es tan sencilla como el querer constatar que los lugares de los cuentos, los paisajes de los cuadros que han formado las imágenes a las que la mente acude una y otra vez, en realidad existen. No creo que pueda imaginar el choque que supone el toparse con una realidad tan abrumadora. ¡Claro! -dice ella, y la imagen me conmueve- sólo aquí en Europa los patos tienen la cabecita verde y un collarín, porque son los patos de los cuentos. Y de pronto uno ya no sabe si vive en lugares que inspiraron cuadros y cuentos o si vive en cuadros y cuentos que viven a su vez en la mente del otro... poco importa si eso supone leer los poemas, detenerse a mirar las flores o cosas que resultaría ridículo hacer en el lugar donde has pasado tantas horas de iluminación y de desidia. Sin embargo, algo cambió esta vez. Al contemplar la Laguna Negra, la niebla sobre las balconadas de madera, aquellas libélulas planeando sobre el color imposible de la Fuentona, entendí que "de cuento" era algo más que un recurso literario facilón. Me vi en un tiempo inmersa en aquellos escenarios como algo natural. Entendí que escribiera lo que escribía, y por qué no podía escribir lo mismo ahora. Traté de hacerme consciente de todo lo que había ido surgiendo en medio para contemplarlos -para contemplarme- con semejante distancia. Sí, allí estaban, causándome una impresión que no podía diferir mucho al de contemplarlos por primera vez, haciendo ver como inverosímil el que alguna vez los hubiera tenido cerca. Allí estaba esa impresión de contemplar lo familiar con una tabula rasa en los ojos, ese agolpamiento de sensaciones, tan ansiado, que obnubila los sentidos... y por primera vez también me di cuenta de lo ajeno que me resultaba todo, precisamente por ese deslumbramiento. Y me cuestioné, no sin pasmo, que tal vez fuera discutible la primacía de lo inusitado, a cambio de que todos aquellos espacios volvieran a resultarme algo más habituales, con el polvillo de lo prosaico si es necesario, pero que fuesen, como en su día lo fueron, un poco más míos.

sábado, 19 de junio de 2010

Camisetas pintadas 2





A falta de creaciones dignas y mínimamente más alegres que los últimos lloriqueos, sigo subiendo la colección xD

jueves, 3 de junio de 2010

Pothos


Te deseo en la mañana.
Luces que revolotean como polillas en las hojas
a través del balcón;
y el sillón que no me dice nada
porque ya no es el mismo
que el sky satinado al que intento sentir todavía.
Lenta y sutil, como los pasos de araña,
la penumbra se ahoga en el sopor.
No sé si es la penumbra de ahora o una lejana
la que acaricia mis ojos entreabiertos.
No quiero saberlo.
Sentir, sólo sentir sin recordar
cuando no vivo más que de recuerdos.
En la otra habitación esperan
cuencas de mármol vacías, el Mediterráneo
-luz entre columnas primigenias.
Pero yo estoy atrás, muy atrás
estancada
abriendo los ojos en las aguas
de lo que No Puede Ser Más.
Lejos, muy lejos y nunca;
quiero volver o al menos quiero
quedarme aquí.

martes, 25 de mayo de 2010

Stain


Hay una mancha de miedo que se extiende
con cada respiración en el aire.
Paraliza cada fibra de los músculos,
atornilla las neuronas del cerebro.
Lastre en tensión que tira desde dentro
los resortes del dolor de la mirada.
Por todas partes esfuerzo,
ojos que cargan y ocultan.
Me miras, pero tienes la espalda deshecha;
te miro, pero gana el cansancio en mis ojos
mientras alzo la cabeza, tratando de mostrar
el valor que no tengo.
Te paras, no quieres cargar ya con más;
en el camino a tu sueño
no volverán a engañar a tu espalda.
El fin se te desdibuja en el cansancio;
tus hombros piden clemencia
(la cabellera rendida sobre ellos)
y tu mirada de niño se enturbia
con una tristeza infinita.
Pasas de largo y mi llamada se
deja morir en la cuneta.
Alzas la vista; y tal vez, pese a todo...
renace la loca idea marchita
de que allí delante esté al final la mano
que acabe de rematarte con su peso
o que haga concluir toda zozobra.
Tu corazón se agita, eres muy joven.
Puede, quizás, quién sabe...
comienzas a avanzar de nuevo.