Podía haber sido la tarde de ayer mismo. Él ultimaba los detalles forrando las bolas de poliespán con un spray para que se quedaran irregulares y pareciesen piedras de verdad. Ella le miraba y trataba de resultar necesaria, de echar una mano en lo que fuera. Se había cargado su camiseta favorita, de París, por culpa del dichoso spray, pero eso en aquel momento era un hecho desdeñosamente nimio. Cuando los demás ya habían comenzado en esa edad a tantear cómo es todo lo de ahí afuera, cómo serían las ventajas e inconvenientes del futuro, ella vivía en un estado de imbecilidad transitoria tratando de amoldarse a los patrones de los libros y poemas, el elemento básico que conformaba su vida por aquel entonces. Había Garcilaso y Luar na Lubre; había leyendas griegas y celtas, Cernuda, amor cortés y conciertos de Bach. Y había, cómo no, el descubrir la novedad de sentirse partícipe en la reconstrucción de las hazañas épicas de sus antepasados, con él... se ocupó de elegirlo bien: tenía que resultar imposible por completo para que tuviera todo su encanto; para que las lágrimas, más teatrales que una columna de cartón piedra, resultaran lo más hermoso de todo. La representación de aquel año tuvo que suspenderse, y los elefantes, las piedras y los "actores" se vieron obligados a actuar al día siguiente, deslucidos por la tromba procedente del cielo, que decidió caer sobre sus cabezas precisamente durante aquella jornada.
Podía haber sido la noche de ayer mismo. Una adolescente trasnochada que había decidido trasladar su adolescencia inexistente a una edad en la que se suponía que había dejado esas gamberradas mucho tiempo atrás, contemplaba embelesada a sus tres admirados vividores, cuyo rodaje esperaba poder acumular en no demasiado tiempo (los ánimos estaban altos, la ignorancia era mucha y, lo que es peor, la necesidad todavía más). Pero, sobre todo, allí estaba él, él que dio sentido no sólo a aquel verano, sino a toda su existencia durante los cursos siguientes, puesto que fue su imagen la que le dictó cuentos, dibujos e, incluso, buena parte de alguna novela. La misma imagen que hacía que poco importasen las preocupaciones y el hastío de la rutina si le daba por aparecer a la vuelta de algún pasillo. Había que recuperar el tiempo perdido a toda costa; por fin se había dado cuenta de lo realmente importante en esta vida y había que currárselo, había que buscar para encontrar. Ya estaba harta de torres de marfil y de vivir sólo en un espacio que, creado a partir de palabras y notas musicales, no existía realmente; los efectos prácticos imponían su dominio. Fue un gran verano lleno de macarreo, música heavy y montañas rusas emocionales. Pero sobre todo fue grande por los cambios que a partir de él se sucedieron, si bien no todo lo rápido que ella hubiera querido.
Este año volvía a tocar representar la batalla de los elefantes. De nuevo este año no pudo realizarse, por una serie de motivos diferentes a la vez anterior. Hace mucho que ella se recuerda con desdeñosa simpatía en aquella primera batalla. La otra noche estuvo de nuevo con los tres mosqueteros, aunque él ya no siguiera siendo él, aunque nada pudiera ser igual después de todo lo que ella había vivido en los últimos meses. Volvió a escuchar con afecto la enésima versión de sus correrías legendarias, presenció con cierta pena cómo iban decayendo víctimas del alcohol y del peso de su experiencia. Pero desde la distancia, siempre desde la distancia del que ya no espera nada (al final van a tener razón estos malditos estoicos). Y es entonces cuando ellos le concedieron toda la atención por la que suspiraba cuando perdía el culo por un simple comentario suyo. Y no podía evitar una sonrisa indulgente recordando a aquella chica, al fin y al cabo no tan lejana. Y la sonrisa no se volvía tan indulgente al comprobar la voracidad de un nuevo cumpleaños tras otro, de los recovecos por los que se enredaba la vida sin ni siquiera darse cuenta.
domingo, 26 de julio de 2009
miércoles, 22 de julio de 2009
La chambre bleue.
Aparte del siniestro cuento que me inspiró (lo puedo pasar a quien le interese), la terrorífica estancia donde tuve el privilegio de dormir una nohe de mi tournée francesa también dio para unas cuantas fotos gamberras. La verdad es que no le hacen justicia, hay que cambiar mentalmente el flash por una luz tipo Los Otros, apta para fotofóbicos, el olor a muebles viejos y el rechinar de suelos y alfombras... añado también algunas fotillos más para darle algo de ambiente. Desde luego, si alguien está pensando en organizar una partida de roll, ouija o similares y no le importa que el lugar pille un poco apartado, es el sitio ideal: un antiguo molino reconvertido en habitaciones, pero conservando el mobiliario (con siniestro album de fotos de antepasados y todo)... terrorífico y fascinante a la vez. Si una noche en blanco vale un cuento, no podía merecer más la pena.
sábado, 11 de julio de 2009
Ya estamos todos.
Qué distinta suena la misma música en dos lugares diferentes. Da igual que sea el gamberreo de The Creepshow o mi nunca suficientemente idolatrada Sonata. Han sido muchas semanas de correteo por las praderitas transformadas en secarrales de la Casa de Campo como para que las canciones recuperen ahora su sentido, entre los álamos del río, los riscos y la querida cuesta del Castillo. Todavía no he podido subir a Numancia, y por eso es todo aún más raro. Es como si hubiera caído aquí en medio cuando todo el mundo se halla inmerso ya en el Verano. Todo vuelven a ser paletines y montones de tierra por dentro de los calcetines, y yo todavía no me he enterado. Todo vuelve a ser campos infinitos, cielos inmensos y hierbajos; sólo hay que preocuparse por cavar y limpiar las piedraso, en mi caso, por que el barro quede bien centrado en el torno para elevarlo como si se recitase un conjuro. Se comparte todo: el sudor, las risas, los momentos de muerte intensa por culpa de la resaca... y no hay nada más. Es de las escasísimas veces en las que uno puede pensar, como diría el maestro Guillén, que el mundo está bien hecho.
martes, 30 de junio de 2009
On the road.
Pues a lo tonto, como en todo, llega un año mas el momento del exilio, esta vez mas tarde y dolorosamente que nunca. Nunca habia aguantado en Madrid hasta el mismisimo julio, nunca me habia dado tanta pena dejar a la gente de aqui. Las cosas llegan sin pensar: el ultimo finde con los amigos, las despedidas, el volver a meter el armario en la maleta... y sin pensar pasado mañana estare partiendo para Francia one more time, y sin pensar estare currando otro verano mas, inmersa de golpe en la voragine de Numancia con mis niños (ayyy angelicos), mis queridos maestros artesanos, mis lecturas de guiones y dibujos de movimientos en la pizarra que nunca llego a captar, los atardeceres sobrecogedores alli arriba, junto a las torres de la muralla, los amistosos encontronazos de guerreros numantinos y romanos que se dejan llevar por la emocion del momento, los topillos, las piquetas, las carretillas, los callos, las agujetas en los riñones, la tierra que se mete en la nariz, en las orejas, en el pelo y no sale del todo con la ducha; la crema para el sol que brilla por su ausencia... aburrirme este año no me voy a aburrir, para eso me han encomendado amablemente un trabajo de investigacion del Master que tengo que solucionar para septiembre. Asi de entrada parecen muchas cosas, y siempre se pasa sin sentir. Espero que, con su existencia paralela en el blog, puedan durar un poco mas.
jueves, 25 de junio de 2009
...esto iba de ilustradores.




No es que me preocupe en exceso, pero la cantidad de tiempo que llevo sin escribir, ni siquiera un miserable cuentecillo, empieza a ser algo alarmante. No me queda más remedio que consolarme, como otras veces, con la idea de que hay épocas en las que se vive y épocas en las que se escribe, yo por lo menos no soy capaz de hacer las dos cosas a la vez -o en poquísimas ocasiones. Digamos que hace falta un poco de tiempo para filtrar las cosas y poder hacer con ellas algo que merezca mínimamente la pena. Tiene Millàs en su ultimo libro una definición sobre la escritura que me gustó bastante: dice que escribir es como el bisturí eléctrico que tenía su padre: abre la herida y la cauteriza en el mismo instante. No sé si sera siempre así pero cuando sufro o estoy triste me ayuda bastante la idea de que habrá merecido la pena si resulta literaria o artísticamente rentable. La verdad es que estoy atravesando una época bastante confusa -bastante reveladora también, supongo. Al final, todo es tan desalentadoramente sencillo como una continua zozobra entre la realidad y el deseo. Entre cómo son las cosas, cómo se espera que sean, lo que la mente sabe perfectamente pero el estómago se empeña en no seguir e ir a su aire... cuánto cuidado hay que tener con lo que se desea. Si he aprendido algo de todo lo que he vivido es que las cosas nunca salen como uno las espera. No digo ni mejor ni peor, sólo digo diferente. Y admiro a la gente que consigue dominar lo que siente a través de sus pensamientos, aunque sea en parte, porque a ese respecto sigo sacando cero patatero. Hay muchas cosas que me aguanto por seguir mi manera de pensar, pero eso no me evita el sentir cosas de las que en no pocas ocasiones me avergüenza. No es fácil la libertad tal y como yo la entiendo, es decir, el poder elegir un camino por voluntad propia y el tener el aguante suficiente para seguirlo, aunque eso conlleve el tener que aguantar un montón de cosas que no molen tanto...
Pero en fin, que ya rayo, lo que quería era hablar de los ilustradores que descubrí en París, allí donde hay centenares de metros cuadrados dedicados a los comics y venden postales con ilustraciones que fueron la ruina de mi presupuesto. Vi muchas cosas interesantes, pero sobre todo me gustaron dos de ellos: Nicoletta Ceccoli y Benjamin Lacombe. Si tecleáis sus nombres y .com sale su página, bastante apañada en ambos casos. Los dos tienen un estilo bastante afín, ese aire nebuloso y onírico en el que no naïf y lo siniestro se fusionan como si nunca hubieran sido dos cosas diferentes. Los que me conocen un poquito ya sabrán que cuanto más sutil sea lo malrollesco, más me gusta. Y a las ilustraciones de estos dos se les pueden dar vueltas y vueltas... un granito de arena más para el mundo interior de uno. El tipo de dibujos con el que se cogen las depresiones de nivel artístico propio tan a gusto, jej. Pues hala, a disfrutar.
sábado, 20 de junio de 2009
Gris
Un alba grisácea se
arrastra enre las
rendijas de la
persiana,
y todo pesa y es oscuro,
como un templo
polvoriento.
Se perfila
tu silueta, apenas una línea
sumergida entre las sombras.
Una larga horizontal con ángulos
aristados,
firmes, sin concesiones
perdiéndose hacia el horizonte.
Y el latir del corazón junto al oído.
Te tengo tan cerca
que mis ojos no aciertan
a verte,
sólida sombra de ángulos afilados
que respira constante,
pausada.
Tenues
olas en el mar
de la sombra.
Sin embargo, el polvo grisáceo de
siglos de amaneceres
sin sueños
cae a plomo sobre mí, sobre ese punto de adentro
refugio del péndulo de la angustia.
Tenaza de unos brazos que te abarcan,
que se aferran a tu cuerpo
sin poder alcanzarte;
de que repiras junto a mí, lío
de cuerpos entre sábanas
abrazadas,
sin poder tenerte.
Qué lejos, qué lejos estás ahora, entre el humo
gris
indeciso y vago.
Cómo ahoga la impotencia, gris
entre gris,
hasta volver insensible al cerebro.
Diafragma,
sólo diafragma atenazado.
Te abrazo con doble lazo
y no consigo abarcarte;
mi boca llama a tu piel,
territorio
ahora de sueños lechosos que se cuelan
como nubecillas
en la mente,
y que nadie recordará,
pero harán
sentir
su sombra.
No hay tonos de alarma posibles
para despertar
en esta hora de la
angustia,
que anuncia,
callada y sorda,
que no será mucho mejor
el exhausto amanecer.
Te me escapas,
arena grisácea entre los
dedos
a la hora de la sombra.
Te me escapas en un aura
de reposo
y me dejas,
a solas con mi angustia
planeando
en la otra esquina.
arrastra enre las
rendijas de la
persiana,
y todo pesa y es oscuro,
como un templo
polvoriento.
Se perfila
tu silueta, apenas una línea
sumergida entre las sombras.
Una larga horizontal con ángulos
aristados,
firmes, sin concesiones
perdiéndose hacia el horizonte.
Y el latir del corazón junto al oído.
Te tengo tan cerca
que mis ojos no aciertan
a verte,
sólida sombra de ángulos afilados
que respira constante,
pausada.
Tenues
olas en el mar
de la sombra.
Sin embargo, el polvo grisáceo de
siglos de amaneceres
sin sueños
cae a plomo sobre mí, sobre ese punto de adentro
refugio del péndulo de la angustia.
Tenaza de unos brazos que te abarcan,
que se aferran a tu cuerpo
sin poder alcanzarte;
de que repiras junto a mí, lío
de cuerpos entre sábanas
abrazadas,
sin poder tenerte.
Qué lejos, qué lejos estás ahora, entre el humo
gris
indeciso y vago.
Cómo ahoga la impotencia, gris
entre gris,
hasta volver insensible al cerebro.
Diafragma,
sólo diafragma atenazado.
Te abrazo con doble lazo
y no consigo abarcarte;
mi boca llama a tu piel,
territorio
ahora de sueños lechosos que se cuelan
como nubecillas
en la mente,
y que nadie recordará,
pero harán
sentir
su sombra.
No hay tonos de alarma posibles
para despertar
en esta hora de la
angustia,
que anuncia,
callada y sorda,
que no será mucho mejor
el exhausto amanecer.
Te me escapas,
arena grisácea entre los
dedos
a la hora de la sombra.
Te me escapas en un aura
de reposo
y me dejas,
a solas con mi angustia
planeando
en la otra esquina.
jueves, 18 de junio de 2009
...la boheme
I'm feeling weak today,please don't crush me, I keep on walking far away, I keep on rolling all in vain, I'm feeling slow today, so don't rush me, we live this wretched serenade, you keep me playing anywayyyy.... y peazo de estribillo, que grandes. Hay momentos en los que te entra la duda de si la gente valora en su verdadera dimension lo que tiene, de si tus palabras han sido realmente escuchadas... y esa duda llega por la noche a tu cerebro como podrian hacerlo un puñado de carcoma, o de termitas. Al principio es un nidito miserable, nadie se da cuenta ni de que existen, pero ellas comienzan su trabajo. Se mueven dejando una estela de garabato negro, o una huella lechosa, y alli por donde pasan depositan sus larvas, que se retuercen en su envoltorio transparente queriendo mas, siempre mas. Y cuando te quieres dar cuenta, la angustia te ha invadido de tal forma, son tantos los pensamientos oscuros que estan ahi, alimentandose compulsivamente para crecer, que tu cerebro se anula. Solo tocarlo y se desharia en miles de particulas de polvo. Y tu rezas para que llegue pronto el dia, porque las cosas siempre se ven de forma diferente por la mañana, pero el dia no te trae demasiado consuelo, solo te recuerda la lista de tareas que vas a tener que desempeñar hoy, mientras tu cerebro sigue ahi, en constante peligro de que sus incontables agujeritos acaben ocupando mas superficie que el mismo... no se, la verdad es que quien no haya vivido algo asi dejara de leer justo en este punto, pero cuando se han perdido la confianza y la ilusion en algo cuesta mucho recuperarlas, por mucho que no se tenga motivo aparente para hundirse. Por eso hoy me apetece hablar de Paris, porque es el arma mas luminosa con que cuento en estos momentos para combatir el arreciar de la inquietud y la zozobra.
Bueno, en realidad no me he acabado de explicar; de lo que quiero hablar es de mi viaje relampago a Paris hace poco mas de una semana, creo que un recuerdo asi se lo merece. Cierto que tenia muchas ganas de volver a ver la ciudad despues de tantos años, y tras haber cambiado tanto, pero tambien es cierto que casi tenia mas ganas de ver a Lara, mi anfitriona, despues de un año entero sin apenas contacto, saber como estaba y conocer su vida de Erasmus alli. Creo que una de las cosas mas bonitas que tiene la amistad es que, cuando estas en sintonia con una persona, no importa el tiempo que hayas pasado lejos; te encuentras con ella y la conversacion surge con tanta espontaneidad como si la hubieras visto el dia anterior. Lara me acogio en su buhardilla bohemis en pleno Barrio Latino, comme il faut; no se me ocurre mucho mas que decir que, sencillamente, ha sido uno de los espacios que he idealizado durante toda mi vida. Una buhardilla donde refugiarse, inspirarse, asomarse al tejado... porque lo mejor queda enmarcado por la ventana: los tejados de Paris, la imponente cupula de Val de Grace, la tour Montparnasse y, como no, la punta de la torre Eiffel: el vasto reinado de los gatos y las palomas, de las nubes y las estrellas, ante los ojos de uno. Y en fin, que me estoy enrollando como una persiana. Pude conocer Paris a pie, que es como realmente se conoce una ciudad; pude percibir la plomiza capa de siglos de historia que aplasta con su peso a cada edificio; pude ver un movimiento y una vida por las pequeñas calles que, conociendolas tan someramente como es el caso, resulta tremendamente facil de idealizar; pude descubrir rincones y tiendecillas portadores de objetos tan singulares y llenos de encanto que no tiene sentido hacer mayores descripciones; pude recordar como, en contadas ocasiones, la globalizacion puede ser positiva al permitirme saborear el te denso de una mezquita, el carcade egipcio extrañamente dulzon y agrio a la vez, el sushi japones, las genuinas crepes francesas (como no), o el mejor pastel de chocolate que he probado en toda mi vida, cortesia de Martin.
Asi, mis pocos pero intensos dias transcurrieron entre fachadas blancas con altos tejados de pizarra oscura, explosiones de flores y fruta en cada esquina, estrellas y duendecillos colgantes, papeles japoneses, ilustraciones de echarse a llorar (tendre que crear otra entrada para hablar un poco mas despacio de este tema), aromas de otros lugares, pasillos de museos cuyas piezas mueven algo dentro de ti sin saber por que, videos frikis del youtube y, claro, los litros y litros de te de jazmin que Lara tenia siempre dispuestos para que los conversaramos, sin prisa, porque teniamos mucho que contarnos (todavia no me habia enterado que tenia un blog :( ). Y asi se escaparon los dias, arañando horas al sueño y sin pensar demasiado. Siempre se queda uno con ganas de mas, no puede ser de otra forma, aunque eso de que las cosas terminen cuando todavia no han podido decaer victimas de la rutina tiene su encanto tambien. Desde luego, aterrice en Barajas con una vision diferente de mis problemas. Pude verlos desde fuera, me senti escuchada y conte con buenos consejos. Creo que no se puede pedir mas y que tampoco es muy conveniente que siga dando la brasa con el tema; pero ahora, cuando me siento sola o me agobian mis insignificantes y destructivas rayaditas mentales, imagino una mesita con pluma y papel junto a una jarra de te y una ventana inclinada por la que se ven los tejados de una ciudad que, al fin y al cabo, solo existe en la imaginacion y, en fin, no es que se solucione nada, pero al menos por un momento me dan ganas de sonreir. En fin, que ya termino, simplemente darles las gracias una vez mas a Lara y a Martin, creo que les debia algo asi a pesar del toston que acabo de dar.
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