domingo, 6 de mayo de 2012

París. Y los cuadros de Chagall.




-¿Que pintemos un mural?
-Un mural, sí. En grupos. He traído varias postales de Chagall.
Y así empezó todo, en una clase de plástica de secundaria.
Ahora vuelvo a estar frente a un azul de Chagall. Porque Chagall, en su sabiduría omnicromática, es dueño y señor de los azules. Bueno, quizás también de los rojos, viendo el circo de ese color que está un poco más allá.
París. Entre dos orillas. Se titula el cuadro. París con un dejo de angustia, aunque el cuadro sea azul. Lo que más me fascina de Chagall es su capacidad para hacer que sea imposible percibir la totalidad de los detalles en cualquiera de sus cuadros. Como un ser vivo, se transforman al ser vistos. Lo que parecían lineas, vagos contornos en la densidad onírica de su atmósfera, acaban siendo pequeñas figuras, casitas, planetas. Mundos dentro de otros mundos, y así hasta el infinito.
Decía Matisse que el objetivo de su pintura era servir de descanso visual y mental tras la dura jornada de trabajo del obrero. Una especie de sofá anímico. Chagall provoca en mí ese efecto, como una zambullida. Hay un detalle en la parte inferior del cuadro, un simple puente con siluetas de árboles muy desdibujadas -ni se aprecia al alejarse un poco- que, no sé por qué, me llena de tranquilidad. Tal vez sea el horizonte en el campo de alguno de mis días. No lo sé, porque ahí está París ocupando el primer plano. Dan hasta ganas de irse al París que pinta Chagall. Intento que permanezca así en mi mente el azul del Sena, el azul de los Campos Elíseos, el azul de Notre Dame. Los recito en la cabeza como un mantra para cuando París sea el París de verdad y no el de Chagall. Para cuando intente distinguir en su cielo gallos, lunas, gárgolas, cabritas. Y amantes, discurriendo por la pintura como el Sena. Amante que me va a faltar cuando esté allí. Que me faltará su mano, su calor, sus caricias, su presencia, su luz. Su luz que ahora no escribo. Será tan grande la oscuridad cuando ella falte que trataré torpemente de hacerla volver a mí con palabras, frías. Miles de nimiedades que, por próximas y alcanzables, pasan ahora desapercibidas a mi razón, allí crecerán angustiosamente, y trataré de ahogarlas con una hoja de papel.
Me dicen que es hermoso estar triste en París. Las cabritas de Chagall nunca están tristes, Chagall fue feliz allí. Yo estaré triste y volveré, y conmigo mis tristezas que, quieran los dioses, acaben flotando azules, pequeñitas y juguetonas, en un cuadro de Chagall.

sábado, 18 de febrero de 2012

Ilustración a En ausencia de símbolos



Otra ilustración para un poema de Ana Gorría, Fénix de los Ingenios 2.0 ^^






En ausencia de símbolos:




la voz en su mediana incandescencia




así




la lejanía




leve espiral de sol



vientre



llanto








decir es lo que duele.



martes, 31 de enero de 2012

Umbilical

Aquí os dejo mi ilustración para el poema Umbilical, de Ana Gorría. En la revista Incendios coming soon ^^:


Si estación transparente resuelta en luz herida,


lento espacio sin voz


abriéndose a la tierra.


Canción hasta el dolor, sueño de cal:


ardiendo,


qué hilo no nos separa de la nada.















domingo, 19 de diciembre de 2010

Frío


Fría. La cama está fría.

Frío. Frío está el aire que toco

al asomar los dedos.

Fría el agua que se escurre

cuando tiendo las zozobras,

frío el blanco del lavabo.

Frío el latir insomne,

único sonar de noche.

Frío el ojo eternamente solitario.

Fría la risa, frías las lágrimas.

El infierno tiene que ser frío.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Insania


Como un péndulo de acero irrefutable
me pesa
un poco más bajo que la garganta
el mecanismo estéril de segundos
baldíos
por pasar.
Como un abismo extiende
la llanura
su sonrisa de triunfo
inamovible
en su eterno, exultante sin pena ni gloria.
Quién te mandará tocar
el espejismo de savia
que pende como una gota
que es caer y extinguirse a la vez.
Creíste -sonrisa de una vez más-
que la vida de una hoja
extraviada
puede ser la raíz que te taladra
en un continuo amenazar de nuevos brotes
tiernos.
Ríes, ríes infinitamente
de rodillas en el abismo;
ríes por la facilidad con que el fluir latente
aún te engaña.
Hastías con tu verso, siempre el mismo.
No finjas algo bello y echa a andar.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Catching the night


bueno, no todo van a ser lloriqueos. Aprovecho para colgar mi primer trabajillo un poco decente en fotochop ^^

lunes, 6 de septiembre de 2010

Y de qué sirve decirlo


¿Y de qué sirve decirlo?

Tu superficie, mi superficie

están tranquilas.

¿Y de qué sirve decirlo?

Más allá del bruñido espejo

las libélulas se ahogan

en aguas envenenadas.

¿Y de qué sirve decirlo?

Olvidaba que tu cauce

se secó hace ya tiempo

y los pájaros descansan

en su lecho último de cieno

para siempre.

¿Y de qué sirve decirlo?

nada más...

yo sola me tragaré toda

toda esta ponzoña.