jueves, 3 de junio de 2010

Pothos


Te deseo en la mañana.
Luces que revolotean como polillas en las hojas
a través del balcón;
y el sillón que no me dice nada
porque ya no es el mismo
que el sky satinado al que intento sentir todavía.
Lenta y sutil, como los pasos de araña,
la penumbra se ahoga en el sopor.
No sé si es la penumbra de ahora o una lejana
la que acaricia mis ojos entreabiertos.
No quiero saberlo.
Sentir, sólo sentir sin recordar
cuando no vivo más que de recuerdos.
En la otra habitación esperan
cuencas de mármol vacías, el Mediterráneo
-luz entre columnas primigenias.
Pero yo estoy atrás, muy atrás
estancada
abriendo los ojos en las aguas
de lo que No Puede Ser Más.
Lejos, muy lejos y nunca;
quiero volver o al menos quiero
quedarme aquí.

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