domingo, 7 de febrero de 2010

De vampirica philosophia.


Esto va por rachas, como tantas otras cosas, y esta vez ha sido al hilo de que, de pronto y sin mayor justificación, ideas que llevan un montón de tiempo dando vueltas en la cabeza sin llegar a ningún término deciden que ya es hora de salir de allí. Así que a uno de mis cuentos le va a continuar una segunda parte concebida bastante tiempo atrás y con unas circunstancias notablemente distintas, pero cuyo argumento puede adaptarse muy bien a los fantasmas de los que necesito deshacerme en estos momentos. Y la empresa -en plenos exámenes- exige la preparación de una atmósfera adecuada, lo que significa que muchas veces acabo barruntando más las lecturas y las pelis que los apuntes, mientras escucho la música adecuada. Es ya mucho tiempo de darle vueltas al tema. Todo lo relativo a los vampiros me ha fascinado desde que recuerdo -y a quién no, también es verdad. Y eso que siempre me ha dado un miedo horrible cualquier minucia que a la mayoría suele dar risa, pero con los vampiros es diferente. Por supuesto que también me daban miedo, pero es como si estuvieran por encima de eso. En un vampiro, en sus cuentos e historias, la estética impera sobre todo lo demás. No hay ni uno solo de sus crímenes que sea feo, ninguno de mal gusto, ninguno que hiera la sensibilidad. Buscamos en ellos la belleza de la muerte, del coqueteo entre el eterno decadente y la ausencia de corrupción, cuando su existencia no es más que una búsqueda desesperada e insaciable de la belleza de la vida. Y una de las claves de su tragedia es que no la pueden retener, se les escapa entre los dedos al alimentarse de ella, la tienen pero la pierden en el mismo instante en que la consiguen. Tal vez su esencia trágica sea esa: han conseguido una de las cosas más ansiadas que se puedan desear, la inmortalidad, la eterna juventud; pero sus preocupaciones siguen siendo mortales, sus dilemas son tan próximos que nos conmueve la continua zozobra que los sacude entre estos y una naturaleza fría y ya muerta, a la que poco deberían importar estas cuestiones. Nos conmueve y nos fascina en todos los sentidos, para qué negarlo. Es la expresión máxima de la estética por encima de todo dilema moral, de la belleza sin importar su precio. Y una de las vías más directas para llegar a ella es la erótica. En el fondo, es una búsqueda tan parecida... las alimenta una misma energía, una misma ansia. Y nadie podrá negar el dominio de lo morboso en la fascinación que muestran humanos por vampiros, y vampiros por humanos. Al fin y al cabo, no deja de ser un anhelo de posesión absoluta. Una posesión que se desvanece precisamente cuando se culmina, una continua aspiración frustrada que no puede abandonarse, a pesar de saber que se va a seguir fracasando eternamente, porque si no la vida se acaba. ¿Es posible que pueda haber algo más profundamente humano que eso?

2 comentarios:

  1. Soy fan... de los vampiros también, pero más de la autora de esta entrada :) Yo también tengo mis pendientes vampíricos... ya te los contaré a cambio de ese cuento jeje ¡Un beso!

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  2. Estoy impaciente por leer el cuento. De hecho el tema del vampirismo me apasiona por el hecho de que estos seres que intentan seguir siendo inmortales pierden a cambio poco a poco la humanidad por mucho que traten de retenerla... sumiéndose en un círculo vicioso de decadencia y perversidad en las cuales son participes directa o indirectamente.

    Un día tengo que enseñarte un relato que hice y estoy tratando de continuar (titulado el pesar de la eternidad)

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